José Ángel Quintero Weir
Dedicado con mi más hermoso recuerdo, al hermano Osmarino en cualquier lugar de la Amazonía que se encuentre.
“Dice el Subcomandante Marcos, que alguna vez le dijo el Viejo Antonio en medio de una historia que:
Hay veces que debemos pelear como si fuéramos espada frente al animal,
hay veces que tenemos que pelear como el árbol frente a la tormenta,
hay veces que tenemos que pelear como piedras frente al tiempo.
Pero hay veces que tenemos que pelear como el agua frente a la espada,
el árbol y la piedra.
Esta es la hora de hacernos agua y seguir nuestro camino hasta el río
que nos lleve al agua grande donde curan su sed los grandes dioses,
los que nacieron el mundo, los primeros”.
Relatos del Viejo Antonio.
A manera de Preámbulo.
Donde hablamos de las diferentes formas que la tierra tiene según el lugar de las miradas de quienes así la han visto y según su amor la han nombrado.
Trina Rosa2 me miró sorprendida cuando le pregunté esa mañana cómo se decía la palabra tierra en lengua añuu cuando los añuu, ciertamente, no tenían tierra. En ese momento jamás pasó por mi mente que muy poco de vida le quedaba a Trina Rosa, pues, a pesar de su incalculable edad, su aparente fortaleza física, interiormente, me aseguraba que Trina Rosa jamas moriría, que siempre estaría allí para enseñarme lo que sólo ella y otras muy pocas abuelas en la Laguna de Sinamaica, sabían.
Ella no me respondió de inmediato; siguió en su tarea de sacar la carne de un coco, con cuya leche prepararía el guiso de la comida de ese día. Terminado su afán de descarnar el coco, soltó sobre la mesa el cuchillo que había estado usando en su tarea, sacudió el polvo de sus manos frotándolas sobre su manta que caía por encima de sus rodillas y soltando un suspiro me respondió:
Nunca me había preguntado eso y nadie nunca me lo preguntó; ¿qué te puedo decir? Una vez le escuché decir a mi abuela, cuando mi hermano llegó diciendo que en El Moján se habían encontrado con unos Mokiros3 de por allá, y que los Mokiros les decían que nosotros sólo eramos parouja; orilleros que no podíamos saltar del agua porque no teníamos tierra. Mi hermano casi lloraba porque él decía, el Mokiro dijo verdad, nosotros estamos en el agua, no tenemos tierra.
Entonces, mi abuela le dijo que no tenía por qué ponerse así, que el Mokiro tenía razón solo en una cosa, no tenemos tierra como la que ellos tienen: seca, calurosa, siempre levantada en polvo y arena, por eso nosotros les decimos Mokiro (Cabeza arenada, cabeza con tierra). Esa tierra no la tenemos, pero tenemos el agua y si comparas el agua del mar, del lago, de los ríos y de la laguna con la tierra de los Mokiro, la de ellos es pequeña y la nuestra no se puede medir.
Yo después pensé -siguió diciendo Trina Rosa-, que además nosotros teníamos el manglar, y no hay árbol en el mundo que gane más tierra que un árbol de mangle; porque él va llenando y llenando sus raíces con sipa que trae el río y no sólo nos da tierra, hace islas inmensas con cangrejas, camarones, peces y babillas; patos y piro piro que están ahí, en las islas que ellos solitos construyen para nosotros. Por eso, a esa tierra le decimos Mookarü que significa la tierra que está, porque ha sido cortada por el manglar, y ese es el mejor regalo que tenemos de Dios.
Tiempo después, le conté a Daniel Arurí, un barí de la Sierra de Perijá, esta manera de ver y nombrar la tierra que Trina Rosa, araürakarü añuu4, me había enseñado. Daniel, no se lo pensó mucho para decirme que eso era cierto, pero que esas aguas que ahora son todos los ríos que forman el Lago de Maracaibo, la Laguna de Sinamaica y buena parte del mar, lo habían hecho los barí.
¿Y cómo fue eso Daniel? -le pregunté.
Bueno, eso fue cuando el tiempo de Sabaseba5, que estaba la Sierra, la montaña, y Sabaseba sembró yuca, sembró piña, sembró de todo, pero no había agua; por eso Sabaseba le dijo que era Igtá, que ella sólo era tierra sin agua que es Shiima; entonces, allá arriba había un árbol grande, muy grande, con muchas ramas y muy frondoso; entonces Sabaseba le dijo a los barí, vayan allá arriba donde está ese árbol vean qué hace, y los barí fueron, y cuando llegaron, escucharon que dentro del árbol se escuchaba algo así como un murmullo, y Sabaseba les dijo: ¡Cortenlo ese árbol! Y los barí lo tiraron y cuando lo tiraron, del tronco del árbol y por todas las ramas del árbol, corrieron todos los ríos que hoy están en la Sierra, y fueron tantos, que llenaron el Lago y por eso los añuu ahora tienen ríos y lagunas y el gran Lago.
Finalmente, me invitaron al velorio de un guerrero que todos llamaban Oustre y que había muerto en medio de una guerra entre clanes wayuu. Yo sólo asistí acompañando a un amigo de la familia; pero, una noche en medio del velorio, conversando con algunos de los alaüla wayuu6 que se habían conformado en reunión, no desaproveché la oportunidad para contarles la versión añuu y la de los barí acerca de la tierra y el agua. Entonces, uno de los viejos que me había estado escuchando con suprema atención, decidió responder por todos, diciendo:
“Siempre hemos sabido de la gente de la montaña, porque igual siempre hemos sabido que cuando aquí no llega juyá7 es porque anda en la tierra de ellos. A él le gusta esa tierra; pero sus hijos somos nosotros, porque a pesar de que ande por todas partes, su esposa siempre es mma, nuestra tierra, nuestra madre. La gente del lago más bien no quiere a Juyá, porque él es bravo y siempre trae rayos con su tormenta. Pero él es nuestro padre, él es el padre de nosotros los wayuu. El puede visitar a la gente de la montaña y asustar a la gente del agua, pero a nosotros nos quiere porque somos sus hijos.

Un gran abrazo de propia y la clima desde el estado amazonas
Perdón somos de orpia y coiam del estado amazonas,sigan luchando como siempre
Abrazo hermano Gregorio Mirabal, siempre pendientes de la consecuencia de las organizaciones Amazónicas con la lucha contra los planes mineros de gobiernos, mafias y corporaciones.