El exceso de discusión exógena, la falta de inspección interna y el debate timorato y evasivo respecto a nosotros mismos no nos ayuda a optar resoluciones éticas que se confirmen en la práctica.

El exceso de discusión exógena, la falta de inspección interna y el debate timorato y evasivo respecto a nosotros mismos no nos ayuda a optar resoluciones éticas que se confirmen en la práctica.