
Juan Carlos La Rosa Velazco
Bienaventurado el que no asiste al brindis de sus empleadores
ni se encanta con las fotos de sus cachorros, marihuanos en Madrid, coqueros en Seatle.
Bienaventurados el que no fía la ropa barata que trajeron del imperio
ni encarga unas pantuflas con grama incorporada.
Bienaventurados los que viven en San Jacinto
que no es el norte del norte,
pero si el Mall de los hijos drogos de su mami
en el que pueden comprar seguros
los siete pases habituales de la gente efectiva.
Es un infierno en el que pudimos sembrar nuestro orgullo
bajo el cáncer de los asbestos
después del arrepentimiento cristiano de los jíbaros.
Bienaventurados los que no son del equipo de los 13 del PSUV
ni de ninguna mafia ordenada por la coptación.
vivirán sin la vergüenza de la sumisión,
sin la mácula de la complicidad
y sin mierda carmoníaca en las gargantas.
Bienaventurados los que no aceptaron una beca JEL
porque su intitulación será libertad del conocimiento
sueño de dignidad contra el sueño mediano de los analfabetas funcionales.
Bienaventurados los que creen que la madre escuela es su barrio mugriento
los que desprecian el claustro de las autoalabanzas,
los que desprecian la barbería académica donde se afeitan las mediocridades
y no orinan como perros en las matas de nin de las universidades.
aprenderán pronto que rebelarse implica reir a medianoche en la mesa de los mendigos,
no repartir migajas en horas de oficina.
Bienaventurados aquellos para los que sólo existe el recreo
y sus cantos son obras efímeras de un puro corazón.
Bienaventurados los que no cruzan por el paso peatonal de los pobres
que el Tigre Belloso pintó en Plaza de Toros
y los que no pagan para titularse en una piñata de diplomas.
Bienaventurados los que se la pasan contentos
con ganas de quemar palacios y construir solares.
Bienaventurados los que salieron aplazados en la evaluación cualitativa del sistema,
Bienaventurados los que no tienen pin ni washap,
porque tendrán libres las manos,
para lanzar las primeras piedras
y enviar por sms
las más rabiosas consignas.
