Entrevista del diario Boliviano Pagina Siete al sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos.
Página Siete conversó en su espacio de Desayuno de Trabajo con el afamado sociólogo de izquierda Boaventura de Sousa Santos. El especialista en análisis de fenómenos sociales expresa un “respaldo crítico” sobre la marcha del Gobierno del presidente Morales.
Página Siete.- ¿Cómo podríamos explicar que el presidente indígena de Bolivia, Evo Morales, que dice defender la Pachamama, esté enfrentando a otros indígenas que se oponen a la construcción de una carretera?
Lo que vemos hoy es una contradicción no solamente por el enfrentamiento con otros indígenas, sino también por el hecho que este Presidente, que marchó muchas veces en el país para lograr sus demandas, parece no comprender la marcha, que es una manera muy boliviana de hacer demandas sociales.
Sin embargo, este tipo de contradicciones son solucionables. O sea que es todavía posible un diálogo porque a mi juicio en la situación presente no puede haber un vencedor incondicional, porque al vencedor incondicional será derrotado. O será una victoria pírrica. Tiene que haber una negociación con los indígenas del TIPNIS.
Es muy importante que la marcha por el TIPNIS siga su camino hasta que haya una negociación, porque Evo tiene que saber que si va a vencer a los indígenas, es su derrota, y el movimiento también sabe que finalmente no puede vencer todo.
Se puede decir que esto (el Gobierno) ya no es de izquierda, es un campo que lucha, Evo mismo es un campo de lucha, es una contradicción viva de este proceso en curso; hay que ver si podemos presionar a las fuerzas sociales de este país para mantener este proceso de cambio.
Para mí es esto: yo lucho tanto porque no se diga que este proceso boliviano terminó debido a sus, digamos, falencias progresistas, como lo oigo mucho ya por gente que acompañó este proceso en el pasado.
Página Siete.- ¿Y por qué ha sido tan difícil la negociación?
Primero, yo pienso que hay contradicciones en el mismo modelo constitucional boliviano. Aunque yo defiendo la nueva Constitución, ésta tiene una contradicción interna muy grande, porque está hecha en el marco de un Estado nacional colonial y apunta a un proyecto de un Estado Plurinacional con derechos colectivos muy fuertemente reconocidos. Pero esos derechos están en la Constitución como una aspiración, por así decir.
Evo Morales ocupa el poder de un Estado que no es todavía plurinacional, pero deberíamos tener señales muy fuertes desde el Gobierno de que estamos en una transición y eso es lo que falta. Por eso, en este momento, hay dos concepciones de sociedad, de Estado y de economía. Pienso que tal vez el fallido gasolinazo de 2010 es una señal de que el modelo desarrollista tradicional, de un desarrollo dependiente de multinacionales, había derrotado a la visión del Vivir Bien, de los derechos de la Madre Tierra y otro tipo de construcción de economía plural.
Son señales muy preocupantes que, de alguna manera, cuando los modelos se enfrentan, el modelo capitalista colonial tradicional vence.
Página Siete.- Pero generalmente se considera que Evo Morales ha vencido ese enfrentamiento entre esas dos visiones.
En este momento hay una lucha de poder político en Bolivia, con grupos sociales muy fuertes, con poder económico muy fuerte, donde de alguna manera los agroindustriales del poder desarrollista han recuperado el poder, algo que es, de alguna manera, sorprendente después de todo lo que pasó en 2008; por otro lado está la alianza indígena campesina que es la estructura misma del poder del Gobierno. Entonces hay aquí una contradicción. Y el presidente Morales es la fórmula viva, personal de la contradicción del modelo.
Aquí no se ha decidido qué modelo seguir. Las fuerzas sociales no están suficientemente fuertes para realizar más presión, por eso para mí la contradicción es la dualidad política colonial capitalista que Evo Morales ocupa con su equipo y que no se ha transformado todavía.
Por eso las leyes no avanzan; por ejemplo, la Ley de Deslinde Judicial muestra la misma contradicción entre un Estado viejo que domina a un Estado nuevo. Por eso se va a arrinconar a la justicia indígena o, cuando menos, va a quedar bastante limitada.
Esto también ocurre con la Ley de Revolución Productiva, que es muy ambigua sobre el uso de transgénicos. El uso de transgénicos es la recolonización, no descolonización, de la agroindustria. Es la agricultura campesina familiar la que realmente puede resolver la crisis alimentaria. Y estas contradicciones, en el caso del TIPNIS, son más profundas.
Página Siete.- Pese a ello, Morales todavía tiene importantes aliados en la región.
Mire, otra contradicción se da en el contexto internacional; los tres países que adelantaron un poco más en términos de una revolución ciudadana en Ecuador, o comunitaria en Bolivia, o bolivariana en Venezuela, tienen su modelo económico basado en el capitalismo de Estado. No es socialismo. Y para este modelo de capitalismo de Estado es mejor crear una burguesía nacional, y por algunas cosas que van pasando en términos económicos en Bolivia, podría decirse que está en curso la construcción de una burguesía nacional, que es un poco contradictorio porque no hay burguesías “nacionales”. La burguesía es siempre transnacional.
Lo que hay en el mundo son controles globales y regionales de economías dominantes sobre economías dominadas y aquí lo que tenemos es un sub-imperialismo brasileño, con un papel muy importante. Pienso que Brasil ocupa en América Latina el papel que Sudáfrica ocupa en África.
Brasil tiene una intención subimperial muy fuerte, que es el acceso al Pacífico. Y por otra parte la frontera agrícola brasileña tiene intereses muy fuertes de expansión. Aun así, el nacionalismo de Evo no puede accionarse contra Lula, por ejemplo.
Página Siete.- ¿Y cuál es su opinión sobre los procesos de integración regional?
No tengo ningún problema con la integración regional, pero prefiero el ALBA a esta forma que es la Iniciativa para la Integración de Infraestructuras para la Región Sudamericana (IIRSA), que es una iniciativa del Brasil lanzada por Fernando Enrique Cardoso, que lo que pretende no es integrar los pueblos, sino conectar a Brasil con el Pacífico, es decir facilitar su acceso comercial a China.
Esa iniciativa no tiene ninguna conciencia ambiental ni plurinacional ni de respeto por los derechos de los pueblos indígenas y sus caminos pueden pasar por parques nacionales y territorios indígenas. A mí no me sorprende que en Brasil, donde la población indígena es mínima, no se defiendan los derechos indígenas. Pero que no se haga en Bolivia es una contradicción muy fuerte.
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