“Los poetas hablan de la tierra que sostiene la vida y, por ello, es la Madre Tierra. El despojo del suelo pone en peligro la comunidad y su libertad. De ahí la necesidad de preparar otro camino que conduzca de nuevo a la libertad y, por ende, restablezca la comunidad. Son los comuneros quienes deben reconquistar lo que les pertenece. Y ya están levantando un camino”
Carlos Lenkersdorf, Los hombres verdaderos.
Por: Nathalie Aguirre Salcedo y Ana Carolina Muriel
Est. Licenciatura en Literatura
“Vuelve a ser pueblo, sociedad, vuelve a ser pueblo”
Poco a poco el campus de Meléndez de la Universidad del Valle se fue llenando de pueblo, ubicando carpas y plásticos multicolores la gente buscaba su lugar. Desde chivas y camiones venidos de las montañas, las orillas de los ríos y las ciudades, los congresistas descargaban ollas, leña, plátanos, huevos. El sol calentaba solidario y sobre humeantes fogones, decenas de vacas cortadas en trozos, esperaban para alimentar a las comunidades movilizadas hacia la construcción de mandatos populares en el Congreso Nacional de Tierras, Territorios y Soberanías, que sesionó del 30 de septiembre al 4 de octubre en Cali.
Los lugares cambiaron de nombre; los parqueaderos fueron cocinas, las canchas zonas de campamento, los salones plenarias y mesas de trabajo por temas y territorios. Los tambores sonaban desde los cambuches, distintos en ritmo, similares en conexión, dadores de la fuerza espiritual. Por aquí y por allá los humos, los fuegos, los cantos, las manos laboriosas; la sonrisa cómplice de la resistencia que se sabe compartida. Y en la alegre rebeldía de la noche cada quién brindó el licor de su región. Con chicha, chirrincho, viche y guarapo se celebró una vez más el digno encuentro de los pueblos. El Congreso Nacional de Tierras, Territorios y Soberanías, es la continuidad de un proceso de articulación de diferentes organizaciones sociales colombianas, aglutinadas en el Congreso de los Pueblos, el cual fue instalado en la Plaza de Bolívar de Bogotá el 12 de octubre del 2010. Aunque en la historia reciente, el llamado nacional al debate y la construcción de una propuesta de país soñado desde abajo vino desde el movimiento indígena caucano, el proceso que camina hoy por calles, carreteras y universidades del país, sembrando la palabra Mandato como alternativa de legislación para la sociedad colombiana, no es solo indígena; es también obrero, campesino, minero, estudiantil, afro descendiente y urbano. Es mestizo y popular.
Maíz
¿Es el territorio el lugar que habitamos o es él quién nos habita? Hace algún tiempo en las montañas del norte del Cauca, un niño de la guardia indígena definió territorio como “Maíz”. Inmerso en la esplendorosa metáfora, el pequeño tenía más claro que mucha gente el significado de esa palabra, tenía claros los orígenes de su historia y guardaba en su afirmación una esperanza traducida en futuro: Maíz. Como lo dicen muchos pueblos ancestrales de nuestra América hermosa, este cereal nació en esta parte del mundo, nuestros abuelos lo criaron y con él se criaron ellos mismos, en conjunto forjaron las grandes civilizaciones de la historia, de esta tierra que compartimos nace el resto del mundo, por eso somos gente de maíz, de papa, de fríjol; el grano es hermano nuestro. Eso es territorio.
El concepto de territorio es una de las construcciones más antiguas y propias, ha sido una creación colectiva, es un todo en movimiento que nace del conjunto de gente, naturaleza, cultura, historia y comunidad. En la actualidad para la cultura occidental, en general cuando se habla de tierra, se hace referencia a un medio netamente productivo, en estos tiempos de fervor mercantilista, tierra es sinónimo de dinero; es por ello que la demanda de este congreso tiene un matiz mucho más amplio. El territorio no sólo explica el espacio geográfico de pertenencia, también el medio donde las personas practican y reproducen la vida en comunidad. Allí se establece una relación de equilibrio entre la humanidad y la naturaleza; la tierra es parte suya, pero él es más, es hogar y comida, rituales, organización social y política, es una relación directa con el cosmos.
Destierro
¿Quién se queda con la tierra de los desplazados? Preguntó alguien desde un graffiti en una pared de la calle quinta. Colombia rural razones para la esperanza, es el nombre del Informe Nacional de Desarrollo Humano 2011, del Plan de las Naciones Unidas para el Desarrollo, en él se cuenta que nuestra nación no tiene cómo responder a esa pregunta. “Una comprensión más integral de la naturaleza de la estructura agraria requiere de información no disponible en el país. Se carece de estadísticas ciertas y completas sobre el grado de formalidad e informalidad de los derechos de propiedad rural, y son escasos los datos que faciliten el conocimiento de su situación real: quiénes son los dueños de las tierras, cómo las usan, de qué calidad son las utilizadas, cómo evolucionan los precios y qué los determina; cuáles están abandonadas y mal usadas, cuál es la legalidad de los títulos, cuáles han sido despojadas…El país no tiene un sistema articulado de administración de la propiedad rural que maneje la información básica para analizar con exactitud la problemática y en consecuencia diseñar políticas adecuadas.”
Con todo, las cifras arrojadas por el informe son como para meter el corazón en un puño y levantarlo: el 52% de la tierra está concentrado en las manos del 1.15% del total de la población, y la desigualdad en la distribución de la tierra, medida estadísticamente con un coeficiente llamado Gini en una escala de 0 a 1, donde 0 es igualdad total y 1 es máxima desigualdad, llega al 0.86, dándole a Colombia el tercer puesto entre los países más desiguales del continente americano. Además el informe resalta la importancia de la tenencia de la tierra para el desarrollo humano y caracteriza como un obstáculo su concentración porque genera innumerables conflictos sociales y profundiza la pobreza.
Soberanía
En la Constitución Política colombiana, el Estado se define como social de derecho, soberano, unitario, independiente, democrático, pluricultural y multiétnico. Y señala que la soberanía radica en el pueblo, cuya voluntad es la base de autoridad que ejerce a través de los órganos del poder público y de los medios democráticos. El TLC tiene 23 capítulos, de los cuales la gran mayoría son “normativos”, esto significa que obligan a Colombia a cambiar sus estatutos constitucionales y estructuras políticas para acomodarse a las necesidades comerciales de otro país, en este caso Estados Unidos. El TLC afecta de manera transversal la vida de los pueblos, ya que interviene de manera agresiva en diversos ámbitos de las economías locales, durante el congreso la ciudad se invadió de voces unidas, de vos a vos y de boca en boca, en un rechazo conjunto a estas nuevas leyes, que son permisivas con los dueños del capital y muy agresivas para las poblaciones, la frase que se repitió múltiples veces como lema de este gran encuentro y que hace énfasis en ello, es muy explicita: “Porque esta tierra es nuestra, el territorio lo construimos los pueblos” de allí se deriva uno de los mandatos más imperante en todas las mesas de trabajo, “El rechazo a la economía extractiva, a la gran minería, los monocultivos, los agro negocios y la estrategia de militarización u otras formas de control territorial.”
Chicha
Según lo contado por los palabreros en el eje Economías Campesinas, Populares y Soberanía Alimentaria, el sector agropecuario nacional, con la deuda histórica de una reforma agraria integral y las economías campesinas, están en decadencia: el 80% de la demanda alimentaria nacional es abastecido con productos importados, las semillas están comercializadas bajo el poder de las multinacionales. La venta de pollo, huevos de campo y leche cruda para hervir, así como la producción de panela en los trapiches tradicionales están prohibidas por las leyes fitosanitarias necesarias para abrirle el camino al TLC. El uso del agua como alimento vital se ha desplazado para privilegiar la minería, la producción de energía y el riego de monocultivos de Caña de Azúcar o Palma Africana.
En consecuencia con esta realidad,en el congreso se manifestó que para la población rural, donde la pobreza asciende a un 85%, la recuperación y el manejo soberano de la tierra, las semillas y las fuentes de agua es estrategia, mandato e imperativo de las comunidades para defender el derecho a una alimentación digna y saludable, construir economías rurales autónomas y garantizar la pervivencia para los pueblos rurales. Las carpas se levantaron. Los nombres de cientos de lugares y procesos organizativos del país, sonaron desde el coliseo de la universidad en una sublime elevación, que selló, con la voz colectiva, el compromiso de liberar la Madre Tierra, construir popularmente la soberanía nacional y defender los territorios de quienes amenazan con destruirlos como las multinacionales Anglo Gold Ashanti, Pacific Rubiales, Cosigo Resources, Smurfitt Kappa, Cemex, Medoro Resources, Grey Star o la Unión Fenosa.
Y para cerrar el congreso con energía liberadora, alrededor de 4000 comuneros marcharon hacia Cajamarca, Tolima, donde la Anglo Gold Ashanti amenaza directamente la tierra, el territorio y la soberanía, con su intención de explotar oro en el proyecto de minería a cielo abierto de La Colosa. Allí, respaldados con la movilización, se leyeron los mandatos construidos en Cali y se convocó al pueblo colombiano a luchar por la liberación de la Madre Tierra.
Tomado de: La Palabra. Periódico Cultural de la Universidad del Valle. Colombia. http://lapalabra.univalle.edu.co/

